Cuánto cuesta una web, y por qué nadie te lo dice
Las cifras que se publican van de 300 a 15.000 euros. La diferencia no está en el diseño: está en tres decisiones que casi nadie te explica antes de firmar.
Si pides tres presupuestos para una web, es probable que recibas 900 €, 4.000 € y 12.000 €. Los tres pueden ser honestos. Están cotizando cosas distintas y nadie te lo ha dicho.
Lo que casi nunca aparece en el presupuesto
Quién escribe los textos. Es la diferencia más cara y la que menos se menciona. Un presupuesto de 900 € casi siempre asume que tú entregas los textos listos. Si no los tienes —y normalmente no los tienes—, el proyecto se para durante semanas y acaba costando más en tiempo que lo que se ahorró en la factura.
Si es una plantilla o no. Una plantilla adaptada es una opción legítima y a veces la correcta. Lo que no es legítimo es cobrarla como si fuera diseño a medida. Pregunta directamente: la respuesta te dice mucho de con quién estás hablando.
Qué pasa el día después. Publicar no es terminar. ¿Puedes cambiar un texto tú solo? ¿Quién actualiza el gestor cuando salga una versión nueva? ¿Cuánto cuesta eso al año? Un presupuesto que no responde a esto está incompleto, aunque parezca más barato.
Los tres tramos reales
Presencia básica. Una web de cuatro o cinco páginas que explica quién eres, qué haces y cómo contactarte. Rápida, bien hecha en móvil y encontrable. Para muchos negocios locales esto es todo lo que necesitan, y proponerles más sería venderles humo.
Web orientada a captar. Además de lo anterior, estructura pensada para que la visita acabe en contacto: formularios en el sitio correcto, contenido que responde a lo que la gente busca, medición para saber qué funciona.
Plataforma. Cuando la web deja de ser un folleto y pasa a ser una herramienta: área de cliente, reservas, catálogo conectado a stock. Aquí ya no estás comprando una web, estás encargando software.
La pregunta útil
No es «cuánto cuesta una web». Es qué tiene que conseguir.
Si la respuesta es «que cuando alguien me busque, encuentre algo decente», el primer tramo sobra y basta. Si es «que me entren cinco peticiones al mes», hablamos de otra cosa, y el presupuesto tiene que incluir cómo medir si eso ocurre.
Cualquiera que te dé un precio antes de hacerte esa pregunta te está cotizando un producto, no resolviendo tu problema.